24 de junio de 2017

18 de junio de 2017

Sobresaliente


Ojos pesados. Ojos vidriosos. Ojos nerviosos al recibir el folio en blanco que en hora y media está escrito por todas sus caras, y repleto de tachones.

Estos días he formado parte de un tribunal de Selectividad,  ahora llamada EBAU, y mi labor ha consistido en vigilar el buen desarrollo de las diferentes pruebas y asesorar en mi especialidad,  Historia de España. Como podéis imaginar estos tres días dan para mucha contemplación y me ha llamado de sobremanera un alumno.

Apenas tenía pelo en la cabeza, curtido en mil batallas, supongo, presentaba un rostro arrugado, con unas gafas propias de la presbicia, y vestía con una cómoda camisa de manga corta, la única de todo el aula donde había más de 70 personas. Al escribir en los exámenes,  no hacía aspavientos de sopresa o trágicos gestos al desconocer la respuesta, y dedicaba su tiempo a leer primero con paciencia, subrayando, y respondiendo simplemente lo que sabía, con gruesas letras en mayúscula que denotaban no haber usado en tiempo la escritura. Al despedirse, no recurría al nervioso adiós de los adolescentes, sino que te mostraba las preguntas del examen al tiempo que te comentaba que lo guardaba como un recuerdo.

Ver a alguien de tu edad haciendo la selectividad  siempre es chocante. Y te das cuenta de lo afortunado que has sido, y admiras el tesón de aquellas personas que se aferran a los nuevos retos sin importarles que edad tienes.

Desconozco su nota final, pero el simple hecho de presentarse es  un sobresaliente más a añadir al currículo de su vida.